La primera boya
La vida galopa a veces entre el miedo y el no puedo. Entre la pregunta de por qué demonios nos hemos metido aquí y esa otra, mucho más incómoda, de qué hemos venido a buscar. Hay un instante, justo antes de lanzarse al agua, en que todo parece una mala idea. La gente alrededor. El ruido. Las brazadas. Ese miedo antiguo a que una mala corriente, un golpe, un descuido, puedan hundirte. Y tú solo quieres llegar a la primera boya. Después ya veremos. Quizá la vida tenga algo de eso. De lanzarse sin demasiadas garantías y aprender a respirar mientras avanzas. Los estoicos, que sabían bastante de perder cosas y de no perderse a uno mismo, decían que no podemos mandar sobre el mar, pero sí sobre la forma en que nadamos. No sé si sirve de mucho cuando estás tragando agua. Pero sirve. Porque luego llega la primera boya. Y otra. Y otra. Y descubres que aquello que parecía una hazaña se construye con cosas bastante menos heroicas: una brazada, una patada, una pedalada, una zanca...