Pausa lúcida
No hallo consuelo. Y, sin embargo, empiezo a preguntarme si siempre fue necesario encontrarlo. Hay días que se apagan sin ruido y noches que se alargan más de lo que el pensamiento puede sostener. En ese silencio, incómodo al principio, algo se va ordenando sin prisa, como si la claridad no necesitara imponerse, solo aparecer cuando ya no se la fuerza. He pensado mucho en lo que fue, en lo que imaginé que podía ser. Y quizá ahí estaba el primer desajuste: en habitar más lo posible que lo real. Porque lo real, cuando se mira sin adornos, no suele derrumbarse de golpe, simplemente deja de sostenerse. No hay culpables. Esa idea, que antes pesaba, ahora se diluye. Cada cual elige desde donde puede, desde lo que sabe, desde lo que le alcanza. Y en esa suma de elecciones, a veces sin intención, también se dibujan ausencias. He estado ahí. Pero no del todo. Como si mi lugar se deslizara siempre hacia un margen tranquilo, sin conflicto, casi invisible. Presente para lo liviano...