La luna mora
Hablan de Córdoba como si fuese una ciudad invivible. Yo, en cambio, la llamaría insustituible. Hay ciudades que se visitan y otras que terminan habitándote. Córdoba pertenece a las segundas. Se queda prendida en la memoria como el perfume del azahar cuando ya ha pasado la primavera.Como la piedra antigua que, aun en silencio, conserva la temperatura de todos los siglos que la tocaron. Me gusta recorrer sus calles empedradas al caer la tarde, cuando el cielo comienza a vestirse de califato y la luna, paciente, parece recordar que un día también aprendió árabe. Desde lejos la observo, y siento que ninguna ciudad sabe guardar tan bien el equilibrio entre la nostalgia y la belleza. Es entonces cuando una mano encuentra la mía. Cuando unos ojos claros sostienen una media sonrisa capaz de detener el tiempo. Cuando el anochecer se vuelve tan sereno que hasta el mismísimo Almanzor habría olvidado cualquier conquista por permanecer un instante más bajo esta luz. Hace tiempo descubrí que la cal...