En el avispero
Una piensa que cuando se divide, se vence. Que al partirse en dos, algo de una misma se pierde. Sin embargo, hay divisiones que no restan: se multiplican. Y, qué ironía, también se multiplica el gasto. Porque si hay que enfrentarse a un aguijón, el dolor, al final, siempre encuentra una sola piel. No existen participaciones ni participios. Aunque sí palabras. Palabras. Esas criaturas volátiles que salen de la boca con la ligereza de quien no sabe que una frase también puede dejar cicatriz. “Puedo cambiar de opinión”. Y qué manera tan elegante de disfrazar la incertidumbre.Ese vivir con un pie en el sí y el otro en el no. Aunque, pensándolo bien, no se trata de estar entre los extremos, sino de habitar constantemente el pero. Pero… Esa pequeña palabra que abre una puerta y, justo cuando parece que vas a cruzarla, te construye una pared. Y resulta que un día la vida decide plantarte cara. Sin metáforas. Sin avisar. Una avispa. Una picadura. Qué tontería, ¿verdad? H...