Confusión

 Qué difícil es encontrarse cuando dos personas miran hacia el mismo lugar, pero una de ellas sigue levantando muros en mitad del camino.

Nunca fui la mujer de los cuentos. No tengo la delicadeza de quien convierte cada conflicto en seda ni la paciencia infinita de quien calla para agradar. Tengo carácter. Tengo orgullo. Tengo heridas. Y algunas de ellas aprendieron a defenderse antes que a confiar.

Siempre me mostré como era. Quizá por eso me vendí mal. Porque hay quien confunde la sinceridad con un defecto. Nunca prometí perfección. Nunca escondí mis sombras. Las puse encima de la mesa para que nadie pudiera decir que no las había visto.

Y aun así, detrás de todo eso, hay una mujer que ama sin medias tintas. Que intenta comprender incluso cuando no entiende. Que da lo mejor de sí aunque a veces llegue tarde, aunque a veces se equivoque de forma estrepitosa.

Porque sí, me equivoco.

Pero jamás me escondo detrás de mis errores.

No soy perfecta.

Y no quiero serlo.

Prefiero ser verdad.

Si pudiera elegir, tendría muy claro con quién caminar. El lugar me importaría poco. Hace tiempo entendí que el amor no son las fotografías bonitas ni las promesas de domingo. El amor es quedarse cuando la conversación se vuelve incómoda. Es elegir cuando es más fácil escapar. Es sostener el timón cuando el mar se pone feo.

Porque los mares tranquilos no han puesto a prueba a nadie.

Hablas de confianza como si yo pudiera regresar al pasado y arrancarle páginas a mi historia. Pero no puedo. No puedo cambiar quién fui. No puedo borrar mis errores. No puedo deshacer las decisiones que me trajeron hasta aquí.

Lo único que puedo ofrecerte es la persona que soy hoy.

Y la confianza debería construirse ahí.

No sobre mis ruinas.

Sino sobre mis pasos.

No quiero a alguien que aplauda mis fallos. Quiero a alguien que tenga el coraje de señalarme dónde me pierdo y la nobleza de quedarse mientras encuentro el camino. Porque nadie nace sabiendo amar. Todos aprendemos. Algunos juntos. Otros demasiado tarde.

Lo que no puedo hacer es luchar contra fantasmas que no me pertenecen. No puedo cargar con heridas que no provoqué. No puedo defenderme de una sentencia que ya estaba escrita antes de que yo llegara.

Y aun así lo he intentado.

Más veces de las que debería.

Dicen que mire por mí.

Y claro que miro por mí.

Pero cuando quiero a alguien, nunca pienso en singular.

Pienso en plural.

En lo que quiero.

Y en lo que podemos construir.

Soy cabezota. Impulsiva. Quejica. Ilusa a ratos.

Pero también sé ponerme en la piel del que tengo delante.

El problema es que resulta imposible entender a quien responde con silencio mientras te exige certezas.

No quiero una partida de hundir la flota donde cada error se convierta en una explosión.

No quiero una verdad que cambie de forma cada mañana.

No quiero remar sola una barca que se supone que lleva dos nombres escritos en la madera.

Porque para navegar a cuatro manos hace falta algo más que sentimientos.

Hace falta seguridad.

Hace falta valentía.

Hace falta quedarse.

Si alguna vez me hubieras enseñado el mapa, quizá habría dejado de lanzar bombas al aire buscando respuestas.

Quizá habría convertido toda esa pólvora en abrazos.

De esos que se echan de menos cuando la distancia ya no es física, sino emocional.

Me llamas apego.

Y yo me pregunto cuánta valentía hace falta para seguir aquí mientras otros se marchan.

Porque tal vez mi mayor defecto no haya sido necesitar.

Tal vez haya sido quedarme.

Quedarme cuando era más sencillo irme.

Quedarme cuando el orgullo pedía la puerta.

Quedarme cuando las dudas ya ocupaban más espacio que las certezas.

Algún día entenderás que si esto respiró durante tanto tiempo fue por mi constancia.

Y que si terminó rompiéndose no fue por falta de amor.

Fue porque hay personas que, cuando llega la hora de reparar una grieta, prefieren abandonar la casa.

Y aún hoy sigo preguntándome qué desconfianza puede existir en alguien que se comía el cansancio, las horas y la distancia solo por verte unos minutos.

Tú sigues hablándome de apego.

Yo sigo hablándote de amor.

Y entre esas dos palabras cabe exactamente la distancia que puede que nos separe 


Comentarios

Entradas populares de este blog

LA NORIA DE LO INEVITABLE

Quiero un amor

Primavera que arrasa